13 ago. 2012

La criada de Newton

APÓLOGO
 
Newton tuvo una criada,
Inglesa rubia y sencilla
Que del telar a la hornilla
Vivió siempre atareada;
Mujer que con todo esmero
Consagró la vida entera
A que Newton no saliera
Sin peluca o sin sombrero.
Una noche el sabio grave
En sus cálculos sumido,
Buscaba esa ley que ha sido
De todas las leyes clave;
Ley por la cual su profundo
Genio, se pudo jactar
Como Atlante, de llevar
Sobre sus hombros el mundo!
Siguiendo el problema aquel,
Absorta el alma y la mente,
La lámpara incautamente
Puso cerca de un papel;
Y la chispa desprendida
Presto en llamas envolvió
Las obras en que gastó
El sabio toda la vida!
Al fulgor que, deslumbrada,
Ve pasar bajo la puerta,
La empuja de miedo muerta
La solícita criada;

con rapidez febril
Sin lanzar ociosos gritos,
Envolvió los manuscritos
En su mísero mandil.
Murió la naciente hoguera
Con acción tan perentoria,
Y Newton salvó su gloria
Sin sospecharlo siquiera;
Pues ajeno a cuanto pasa
No dejara su problema
Si en aquel punto se quema
En vez de un papel, la casa.
Solo sin alzar la frente
Pronunció con acritud:
«Jenni, detente, detente!
¿Por qué me llevas la luz?»

En favor de la armonía
Dios, que la vida dispuso,
La humilde práctica puso,
Cerca de la teoría.


Emilia Pardo Bazán.
Publicado en Almanaque humorístico de Galicia para 1878.